martes





Debo confesar que muchas veces me siento inservible.
Mi cabeza me da vida o muerte. Intento ver en la oscuridad, intento hacerlo funcionar, me estoy volviendo loco, desearía haberme quedado dormido hoy. Me arranco los ojos, contengo la respiración y espero, hasta que tiemblo.
Lloro por ayer, también por mañana. Estoy asustado. Todo lo que quiero es invierno. Me hundo en la noche, y siento el frío del hielo, si, el que me regalaste.
Estoy en un techo seguro, en lo profundote mi saca, sin percibir los cambios de la noche, oigo la oscuridad respirar, me doy cuenta de la desesperación callada.
La paranoia, la destructora, viene llamando a mi puerta, el dolor emana todos los dias, volviendo todas las noches, pero disminuirá despacio, y cuando esto ocurra, doy un paso, y respirare, y me voy a preguntar… ¿Qué encontraré?

¿Pueden oír lo que digo?, ¿pueden sentir lo que digo?... No.
La vida es la conjetura, haciéndote llorar, haciéndote pensar, haciéndote entender, por más que grites y no la entiendas, ella te tiende la mano y te hace pensar el dolor, haciéndote llorar, si…. Haciéndote cantar.
Toda mi vida he estado buscando algo, algo que nunca va a llegar, nunca conduzco a nada, nada de lo que hago satisface.
Toda la noche sueño con el día, y, cuando este llegue, que se valla lejos, dejándome la sensación de que nada valgo. Los fantasmas ya se apoderaron de mi, soy una niebla, no tengo sombra, solo tengo… ¿qué tengo?
Nada me ayuda, ni mi espíritu, ni mis gestos, ni mi habla, ni mi físico.
Quiero soñar, con los ojos abiertos, mirando el paraíso con una lagrima en mi ojo, viéndote ahí, Señor.




Mauro Nicolás Desiderio